lunes, 17 de octubre de 2011

Algunas orientaciones para el profesorado

Apuntes de Beatriz Serrano Pérez.
Estas orientaciones no pretenden tener en cuenta todas las situaciones del aula. Se proponen algunas sugerencias que, según la experiencia, podrían resultar eficaces. No obstante, se han de ajustar a cada edad y circunstancia, siendo el docente quien, con toda la información de que dispone, decida lo más adecuado en cada momento para el alumno o la alumna. Es muy probable que la mayoría del profesorado ya lleve a la práctica con este alumnado o con todos muchas de las recomendaciones que aquí se presentan. En ese caso, tenemos la esperanza de que pueda ser de utilidad para la reflexión sobre la práctica educativa del equipo docente que atiende a escolares con TDAH.
Por tal motivo, las recomendaciones van especialmente dirigidas al profesorado que en su clase o aula tiene a una persona con un diagnóstico clínico de trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH), según el informe clínico del pediatra o médico de familia del Centro de atención primaria de salud, formando parte, como anexo, de un informe psicopedagógico cumplimentado por los Equipos psicopedagógicos de la Consejería de Educación. El profesorado habrá de conocer si el alumno o la alumna presenta un diagnóstico de TDAH, el subtipo correspondiente, el tratamiento y seguimiento clínicos, para de esta manera ajustar de forma conveniente los procesos de enseñanza y aprendizaje. El informe psicopedagógico le aportará información relevante para el tratamiento de su conducta en el aula y las orientaciones encaminadas a mejorar la eficacia metodológica, así como a optimizar la adquisición de aprendizajes curriculares y a adquirir hábitos y habilidades de adaptación escolar y social. A continuación se exponen algunas orientaciones:
 

Con relación a la ubicación de este alumnado en el aula, se considera que debe estar sentado cerca del docente, rodeado de personas «tranquilas» y lejos de puertas, ventanas u objetos que puedan ser motivo de distracción. El profesorado deberá prestarle especial atención, sin que se note demasiado. En algunas ocasiones es difícil que el resto de la clase entienda por qué un determinado estudiante tiene ciertas «ventajas» en el trato respecto al resto del grupo. De llegarse a este punto, se aconseja explicarles el principio de atención a la diferencia y aceptación de la diversidad como una actitud necesaria para la convivencia. Se podría valorar en cada circunstancia la conveniencia de que sea alguno de los padres o tutores legales o el propio escolar (con el consentimiento de los padres o tutores legales) quien explique al resto del grupo-clase las características de su problema.
Respecto a las tareas y deberes para el alumno o alumna con TDAH, conviene reducir y fragmentar las actividades exigidas al resto de la clase, supervisar los ejercicios a medida que los acaba, mostrarse un poco más pendiente de su actuación y asegurarse de que ha realizado los deberes y conoce las tareas que tiene que desarrollar. Se combinarán las actividades y trabajos más estimulantes con otros menos motivadores. Se aconseja utilizar refuerzos y apoyos visuales en la instrucción oral, variar los ejercicios para que no se aburra, permitiendo que, cuando acabe una parte de la tarea, pueda ir a mostrársela al docente.
Por lo que se refiere al trabajo en el aula de las actividades propuestas por el profesorado, se tendrán en cuenta las dificultades de atención que muestran tales escolares. En este sentido conviene recordar las siguientes particularidades: presentan problemas para dividir su atención; mientras realizan una tarea, es difícil que atiendan a nuevas instrucciones dadas por el profesor o profesora. Por ello conviene asegurarse de que han entendido lo que se les dice, espaciando las directrices de trabajo de forma que demos una nueva consigna después de realizada la anterior y, en ocasiones, pidiéndoles de manera discreta, que repitan verbalmente lo que tienen que hacer. Sería aconsejable que las orientaciones para realizar los trabajos en el aula estuvieran escritas en un folio y fueran entregadas al escolar (o a todos los escolares) o bien se anotaran en la pizarra. De igual modo, sería adecuado mantener las rutinas del desarrollo de la clase y, ante los cambios de actividad, advertir individualmente al alumno o alumna con TDAH. Asimismo, conviene resaltar la información importante mediante subidas o bajadas del tono de voz, diferentes colores o tamaños en la escritura de las instrucciones, etc.  

En cuanto a la atención en clase, se negociará con este alumnado periodos cortos de atención cuando realiza tareas individuales o en grupo, para ir aumentando de forma progresiva su duración. Se reforzará el esfuerzo por el aumento del tiempo de atención. Se procurará evitar que el alumno o alumna vaya de fracaso en fracaso en la realización de las tareas. Para ello se incluirán actividades (individuales o colectivas) donde pueda tener éxito, y se segmentarán en fases las más difíciles, negociando un tiempo para terminar cada fase.  
En relación con el rendimiento en los exámenes o pruebas escritas se pactará con el alumnado con TDAH la formula más idónea de realizarlos, es decir, de forma oral o utilizando el ordenador, ello es debido a las dificultades de escritura que algunos escolares pueden presentar.  
Si consideramos los inconvenientes que tienen dichos escolares para mantener la atención y concentración durante periodos prolongados, se aconseja dividir, al menos en dos sesiones, los exámenes o pruebas escritas que se aplicarían a toda la clase en una sola sesión, siendo flexibles en su duración. Se recomienda realizar pruebas cortas en días sucesivos antes que efectuar una larga en un solo día. El texto de los exámenes se presentará escrito en papel (en ocasiones, este alumnado es bastante lento copiando de la pizarra o al dictado).
 
Las preguntas habrán de ser breves y cerradas, siguiendo un solo modelo, pues la combinación de formas podría aumentar los fallos, los cuales no ocurren por desconocimiento de los conceptos, sino por la forma en que se formula la pregunta. Será procedente indicarle al escolar durante el examen que controle el tiempo y repase lo realizado.

 
En lo concerniente a la utilización de las estrategias expositivas se tendrá en cuenta las características de la memoria de trabajo del alumnado con TDAH. La memoria de trabajo es la capacidad que nos permite retener información inmediata (memoria a corto plazo) mientras estamos consultando información que ya hemos aprendido (memoria a largo plazo). Los escolares con TDAH suelen tener dificultades con la memoria de trabajo, ya que su capacidad está limitada por la cantidad de información retenida simultáneamente y la duración temporal en la que puede ser mantenida. Por ello el docente será consciente de que las explicaciones con cierto grado de complejidad demandan, por lo general, una mayor participación de la memoria de trabajo.  
Para compensar esta carencia conviene que el profesorado cuando explique en presencia de un alumno o alumna con TDAH tenga en cuenta lo siguiente (Miranda, Amado, Jarque, 2001: 45):
 
a) utilizar frases cortas, claras, con construcciones sintácticas sencillas; 
 
b) focalizar la atención en los conceptos «claves» proporcionando al estudiante un listado antes de comenzar la explicación; 
 
c) presentar la idea principal explícitamente al principio de la explicación; 
 
d) instigar estrategias de categorización y de formación de imágenes mentales de los conceptos; 
 
e) proporcionar al alumnado un sistema de tutoría por parte de un compañero o compañera que le ayude a revisar los puntos fundamentales de la explicación y, a su vez, le dé la oportunidad al alumno o alumna con TDAH de explicar los conceptos a otro estudiante con más dificultades que él o ella en el aprendizaje.
 
El docente se asegurará de que el alumno o alumna lo mira a los ojos y entiende lo expuesto; para tal fin le formulará algunas preguntas para que pueda contestarlas correctamente. Se aconseja ser pacientes con los movimientos continuos del escolar con TDAH en su pupitre, mientras no sean en exceso perturbadores.
De igual modo, cuando tome apuntes conviene parar un minuto después de exponer un concepto para que pueda escribirlo, es decir, exagerar un poco más esta práctica de lo que se hace de manera habitual. Se deberá ser consciente de que cuando el alumnado con TDAH no pregunta suele estar «perdido» y que, de ordinario, no interviene para no quedarse en evidencia ante sus compañeros y compañeras.

 
Al alumnado de la ESO se le debe enseñar a tomar apuntes, a estudiar y a realizar exámenes mediante la instrucción directa y de forma individualizada. Esta tarea puede ser compartida entre el profesorado de las distintas materias y el especialista de apoyo a las necesidades educativas especiales del centro.
 
Con referencia a la agenda, el profesorado se esforzará en estimular su uso. Al igual que para otros alumnos y alumnas la agenda de deberes es muy útil, pero para los escolares con TDAH es imprescindible. No es fácil, sobre todo en la ESO, que cada docente supervise al final de la clase la agenda en la que el alumnado con TDAH recoge las actividades que ha de realizar o los temas que habrá de estudiar en casa. Las familias agradecerán esta práctica de antemano.  
En cuanto a la convivencia en el aula, cada docente que imparte clase al grupo donde se encuentra el alumno o la alumna con TDAH ha de negociar unas cuantas normas de funcionamiento (no muchas) y las consecuencias para quienes no las cumplan. Es preferible que el equipo educativo llegue a un consenso y se fijen unas reglas mínimas comunes a todo el profesorado y otras (pocas) específicas para cada área/materia, si fuera necesario. Tales normas deben estar escritas y visibles en el aula. De vez en cuando se repasarán estos acuerdos con el conjunto de la clase, pudiendo establecerse un código «secreto» dirigido al alumnado con TDAH para avisarle cuando está iniciando o está inmerso en una conducta inadecuada.
Los niños y las niñas con TDAH mejorarán su comportamiento si disponen del mismo sistema de disciplina y convivencia día tras día. Debemos asegurarnos de que se entienden las normas y sus consecuencias al incumplirlas.

 
En lo concerniente a la relación entre el alumnado y el profesorado, este último evitará las discusiones o enfrentamientos verbales y retadores cuando se exige el cumplimiento de las normas o la aplicación de las consecuencias cuando no se cumplen. Se aconseja ser firmes, sin implicarnos emocionalmente y sin ser muy duros en las expresiones y en los gestos. Conviene evitar humillaciones o culpabilizarlo delante de sus compañeros y compañeras.  
A veces la persona con TDAH suele ser muy hostil, cuando simultáneamente presenta un trastorno negativista y desafiante. En estos casos el profesorado, ante conductas inadecuadas o expresiones hostiles e insultantes, no perderá la compostura y habrá de mantener el tono sin responder a sus provocaciones y decirle que su conducta no es aceptable. Se le atenderá en la medida en que se reduzca la conducta inadecuada y su actitud sea más correcta. Se tendrá presente que estas personas no actúan de esta manera porque quieren, sino porque no pueden evitar este comportamiento.
 
Respecto al control de la conducta en el aula conviene tener presente varios principios elementales que funcionan mejor cuanta menor edad tiene el alumnado con TDAH. Con este, y con todos los escolares se debería invertir la tendencia habitual que, a veces, mantienen los docentes, como señalar, llamar la atención o hacer hincapié en los errores, fallos y equivocaciones del alumnado, para, en su lugar, resaltar los pequeños avances, los éxitos o las conductas adecuadas mostradas por el alumnado. Se considerarán las siguientes recomendaciones:  
• Cada vez que se produce una consecuencia positiva a una conducta, se aumenta la probabilidad de que se incremente dicha conducta.
 
• Las actividades realizadas con más frecuencia por un alumno o alumna pueden actuar como reforzadores positivos de otras actividades menos apetecibles. Cada sujeto requiere unos reforzadores muy concretos.
 
• El refuerzo ha de darse inmediatamente después de la conducta que queremos incrementar. Si se abusa de un reforzador, pierde su valor.
 
• Prestar atención a una conducta inadecuada, la refuerza. En clase, en lugar de mandar a callar, es mejor resaltar la conducta de los que están trabajando en silencio. Al reprenderlo,reforzamos la conducta que deseamos eliminar.
• Se debe reforzar al escolar en cada paso o esfuerzo de aproximación a la conducta adecuada que pretendemos.
 
• Para producir un aumento rápido de frecuencia o intensidad de una conducta adecuada se ha de reforzar cada vez que ocurra esta. Para mantenerla, se ha de recompensar solo de vez en cuando.
 
• La atención del docente (elogio, aprobación) es un potente y eficaz reforzador de aquellas conductas que queremos incrementar en clase.
 
• Una estrategia eficaz para eliminar conductas inadecuadas consiste en no prestar atención cuando el escolar las realiza, siempre y cuando no esté en peligro su integridad física, la del profesor o la del resto de la clase. Para aplicar esta estrategia debemos tener en cuenta que a la vez que tratamos de extinguir la conducta inadecuada, reforzaremos conductas adecuadas e incompatibles con aquellas.
 
En cuanto a la aplicación de sanciones derivadas del empleo de la normativa recogida en el decreto de derechos y deberes, convendría considerar que el alumnado diagnosticado con TDAH, en ocasiones, no tiene control sobre su propia conducta y, por tanto, es necesario agotar previamente todas las medidas de conciliación. Las sanciones serán proporcionales al grado y tipo de la enfermedad, a otros problemas psiquiátricos añadidos y a las circunstancias médicas por las que pase el escolar. Debemos ser conscientes de que las medidas sancionadoras se toman con la intención de mejorar y cambiar la conducta del alumno o alumna. Habrá algunas conductas que por la enfermedad del escolar no van a cambiar de forma inmediata con una sanción, pudiendo ser más efectivo el tratamiento médico y psicopedagógico adecuado. Por ello se tendrá presente lo mencionado antes de decidir el tipo y grado de la sanción. En cualquier caso, no existe en la normativa actual ninguna exención ni especificidad para este alumnado.  
En lo concerniente a sus dificultades o manifestaciones de pereza, debemos ser conscientes que, en ocasiones, la persona con TDAH puede utilizar su enfermedad como excusa para trabajar menos o comportarse como quiera. En este caso, se mantendrá la exigencia para que actúe conforme a las normas y haga sus tareas, diferenciando si realmente presenta una dificultad o está siendo perezosa o indisciplinada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario